¿Qué significa ser educador?

“¿Qué significa ser educador? “

La profesión docente es noble y enriquecedora para quien la ama verdaderamente, pero puede llegar a ser el fastidio más grande para quien se acerca a ella por error, o porque constituye la última salida profesional y un sueldo más o menos seguro.

El buen educador no tiene que ser una persona excepcional pero posee una cualidad que constituye el núcleo generador de toda su acción docente: ama la docencia en forma sincera y convencida, desprovista de falsa retórica. Además, es consciente de que todas sus actuaciones públicas y hasta privadas pueden afectar, para bien o para mal, a muchas personas.

Los educadores deberíamos preguntarnos siempre: ¿En qué medida afectará a mis alumnos esto que hago hoy? ¿Cómo reaccionarán ellos años después? y ¿cuánto de esa reacción será producto de mi actuación de hoy?

Podemos destacar ciertas notas que son consideradas como necesarias, o al menos como deseables, para caracterizar al educador:

– La vocación es una característica indispensable, porque representa la dinámica que debe motivar la acción docente; es considerada como el amor por nuestra labor. Esta condición, que siempre ha sido muy valorada al punto de que no nos es ajena la frase de que “el maestro nace” más que se hace (lo cual es cierto a medias, porque también es indispensable “que se haga” o se forme como tal

– – La preparación necesaria, tanto pedagógica como académica, para desempeñar con propiedad la enseñanza. Es decir, el maestro o el profesor no se pueden limitar a los conocimientos que su preparación específica les ha dado, sino que deben tener un espíritu de superación que los lleve a cultivarse para conocer y comprender los adelantos, no sólo en su propia disciplina, sino en la cultura en sentido general. El hábito de la lectura debe acompañar siempre al educador responsable.

– Tener conciencia sobre la responsabilidad que implica no sólo el enseñar contenidos curriculares, sin la trascendencia de la labor de formación del hombre, de ciudadanos de quienes se espera que lleguen a ser personas positivas para el país. Conciencia de esta seria responsabilidad significa comprender que compete a educador una participación, que puede ser decisiva, en la formación integral de los educandos de hoy, hombre y mujeres de mañana. Reflexionar en cómo ellos se deben incorporar a la colectividad como individuos socialmente valiosos y en cómo nuestras acciones se pueden proyectar con ese objetivo, es tener una clara perspectiva de la trascendencia de la función de educar, y no sólo de enseñar más o menos contenidos de aprendizaje.

 

– Tener capacidad de autocrítica para evaluar las propias acciones, tanto las docentes estrictamente dichas – su eficacia o su inoperancia – si hemos sido justos o no, si los hemos atendido o los hemos ignorado en sus problemas –. No hay evaluación más justa que la que el propio educador puede hacer de sí mismo, porque ésta implica una continúa confrontación con su conciencia.

– Ser un buen comunicador es una condición indispensable para todo buen docente. Ello implica que es necesario no sólo conocer bien la materia que se enseña –o, mejor, que se propone para que los alumnos aprendan– sino que se requiere tanto de habilidad para transmitir los saberes, como de claridad, de entusiasmo y de convicción acerca de estos, para motivar en los alumnos el deseo de aprender. Sí puede ser muy cierta la teoría de que el conocimiento no se transmite en sentido estricto, sino que cada uno lo debe obtener por sí solo, teoría que sustenta el principio del autoaprendizaje, también es cierto, por otra parte, que el docente tiene la capacidad par hacer el aprendizaje más asimilable, más claro, más inteligible y para motivar a los alumnos en el proceso de obtenerlo, afianzarlo y, especialmente, poder aplicarlo. Todo ello depende mucho de la facilidad que él o ella tengan para comunicar y para establecer esa especie de empatía intangible educador educando de la cual depende, en gran medida, el éxito del proceso enseñanza y aprendizaje.

– Un aspecto necesario en la comunicación es que el maestro y el profesor sepan escuchar: atender las preguntas de los estudiantes, saber recibir las objeciones, si las tienen, y canalizarlas; ser comprensivos de sus dificultades de aprendizaje, a fin de solucionarlas o de referirlos a quien la pueda solucionar.

– Tener capacidad de adaptación a la clase, lo cual implica no sólo la adecuación de la materia a los principios metodológicos del aprendizaje, para hacerla asimilable, sino también la comprensión psicológica de los alumnos: adaptación a su edad, a sus características sociales, a los problemas que puedan tener. En este sentido, es fundamental conocer y respetar las diferencias individuales, dentro de lo cual hay que saber identificar capacidades y talentos particulares de los alumnos, a fin de ofrecerles oportunidades de avance y superación.

Es importante recordar lo siguiente:El respeto a los educandos, la claridad en la comunicación, brindar la atención adecuada a las dificultades en el aprendizaje o al talento que ellos muestren, son condiciones tan necesarias en los docentes como la vocación y la idoneidad personal.

 María Eugenia Dengo Obregón

 

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